Costumbrismo

  • Fecha de creación: 05-Nov-2007
Acepciones en las historias y materiales afines

El Costumbrismo es un movimiento literario cuyos antecedentes directos en Latinoamérica y Colombia encuentra sus raíces en España. Hace referencia específica a un tipo de narración en la que predomina la descripción de las costumbres. Constituye una de las formas literarias protagonistas del siglo XIX colombiano, sobre todo a partir del decenio de 1840, justo cuando se está discerniendo los rasgos que pueden identificar la nación. En este sentido se da su inserción en las historias de la literatura colombiana, pese a la liviandad y poca profundidad literaria con que se le vincula, hasta considerarlo una literatura menor y de poco alcance. Nicolás Bayona Posada, sin entrar en explicaciones, incorpora el término costumbrista para calificar a José María Vergara y Vergara por sus escritos amenos y reconfortantes pero frágiles (p. 73-74).

De acuerdo con José Núñez Segura, el costumbrismo surgió como una reacción “…hacia los sentimientos moderados y hacia la realidad de las cosas” ante los excesos de un romanticismo llorón (p. 280), de ahí que el costumbrismo o la literatura costumbrista para Núñez, es “la pintura casi fotográfica de las costumbres de un individuo, de una familia o de una región, por medio de la palabra” (p. 281). El costumbrismo siempre se define como la corriente literaria apropiada para describir los rasgos externos de la sociedad, deteniéndose en lo más peculiar, sobresaliente y pintoresco de los hábitos y costumbres populares contemporáneos del autor (Elisa Mujica, p. 3; Ayala Poveda, p. 242; María T. Cristina, p. 101). Para Ayala Poveda, en el costumbrismo “… Existen tendencias grises, pobres que se quedan en el folclor, lo exótico, lo local. Pero existen otras… que enriquecen la mirada de una comunidad a través de sus costumbres mayores, significativas” (p. 242).

Esta nueva tendencia se desarrolla con gran aceptación después de la Independencia para precisar los detalles más puntuales y explícitos del Estado-nación en ciernes. El federalismo, que se empieza a afianzar desde la Constitución de 1853, sirve de medio propicio para la proliferación del costumbrismo en cuanto favorece particularizar los rasgos más distintivos de los Estados Soberanos que conformaban a Colombia. Mujica reconoce en el costumbrismo la generación después de la Independencia impulsada por “… la necesidad de hacer el inventario del patrimonio nacional para partir de él en la búsqueda de nuevas conquistas” (p. 6); Ayala Poveda registra como su primer objetivo la búsqueda de la identidad nacional (p. 186); y, María Cristina Teresa, le confiere el valor de ser “una de las primeras miradas objetivas de la realidad nacional (p. 110).

Ayala Poveda señala de una manera muy puntual que el costumbrismo no siempre puede darse y requiere para su reproducción un contexto social en crisis abocado a la incertidumbre, el cambio y la nostalgia, situación que lleva a un pueblo o una sociedad a mirarse a sí misma y reconocerse en su ser social y ecológico (p. 242).

Aunque el costumbrismo se presenta en varios géneros (artículos, novela, poesía, crónica, teatro), comprende características comunes a todos. Entre ellas sobresalen: la representación de lo regional y lo nacional, los tipos humanos raciales y sociales, los usos y costumbres, los oficios, los trajes, los instrumentos musicales y cotidianos, el paisaje, la flora y la fauna nacional. Todos estos elementos se describen con un lenguaje sencillo y colorido, no exento de crítica y burla mordaz pero suavizada por el humor y el tono educador y moralizante. Su principal órgano de difusión fue la terturlia y el periódico literario, El Mosaico, fundado en Santafé de Bogotá por José María Vergara y Vergara y Eugenio Díaz en 1858. En este periódico se publicó, en varias entregas la novela Manuela en 1858, y un gran número de “cuadros de costumbres” y “artículos de costumbres”, formas literarias que tipifican la expresión costumbrista.

Autores y obras relacionados
Eugenio Díaz. Manuela (1858); Los aguinaldos en Chapinero (1873); El rejo de enlazar (1873).

José María Vergara y Vergara. Las tres tazas (1863); Olivos y aceitunos todos son unos (1868).

Luis Segundo de Silvestre. Tránsito (1886).

José María Cordovez Moure. Reminiscencias de Santafé y Bogotá (1901).

Gregorio Gutiérrez González. Memoria del Cultivo del Maíz en Antioquia (1866).
Definiciones de los diccionarios especializados

En términos generales tendencia artística y literaria que refleja la realidad de un país o una región en una época determinada (Cf. Shipley, p. 119; Sainz de Roblles, p. 232-234; Jara, p. 147). Pero en literatura de forma específica, corriente realista de Europa y en particular de España, que encuentra en el siglo XVII sus contornos primigenios (Lazarillo de Tormes, Las novelas ejemplares de Cervantes) hasta alcanzar su expresión más concreta y reconocida en el siglo XIX, al describir la realidad contemporánea en los denominados “cuadros de costumbres” y “artículos de costumbres” de Serafín Estébanez Calderón, Ramón Mesonero Romanos y Mariano José de Larra, si bien el costumbrismo se adapta a una variedad de géneros (novela, teatro, poesía, sainetes).

Los propósitos fundamentales del costumbrismo, se sintetizan en “registrar una sociedad en cambio” y la “constricción espacial y temporal” de la inserción de los textos costumbristas en la prensa moderna (Gullón, p. 386). Así, en sus rasgos más representativos se suele indicar la ausencia de distancia entre el narrador y la escena o tipo representado, composición breve en prosa o verso, acción y diálogos escasos; sus propósitos versan entre lo didáctico, moralizante, satírico, humorístico, entretenimiento y evasión (Cf. Estébanez Calderón, p. 227).

En la América hispánica el nacionalismo literario que suscitó la independencia y la influencia del romanticismo propició la difusión del género a lo largo del siglo XIX, con el propósito inmediato de reflejar, con ironía o ánimo festivo, la realidad propia e identificar los defectos y valores de la nación; en este costumbrismo se suele establecer el origen del cuento en Hispanoamérica. (Gullón, p. 387-288).

Fuentes Consultadas
Ayala Poveda, Fernando. (1984). Manual de literatura colombiana. Bogotá: Educar Editores, 405 p.

Bayona Posada, Nicolás. (1942). Panorama de la literatura colombiana. Bogotá: Ediciones Samper Ortega, 148 p.

Cristina, María Teresa. (1992). Gran enciclopedia de Colombia, temática. Bogotá: Círculo de Lectores, tomo 4, 320 p.

Estébanez Calderón, Demetrio. (1996). Diccionario de términos literarios Tomo 1. Madrid: Alianza Editorial, 1134 p.

Gullón, Ricardo. (1993). Diccionario de literatura española e hispanoamericana. Madrid: Alianza Editorial, vol. 1.

Jara, René et al. (1977). Diccionario de términos e «Ismos» literarios. Madrid: Ediciones José Porrúa Turanzas, 192 p.

Mujica, Elisa. (1977). En Romero, Mario Germán y Alberto Miramón. Enciclopedia de Colombia. Vol. 5. Nueva Granada: San Sebastián, pp. 3-23.

Núñez Segura, José A. SJ, (1975). 13ª ed. Literatura colombiana. Sinopsis y comentarios de autores representativos. Medellín: Bedout, 681 p.

Reyes, Carlos José. (1988). 2ª ed. Varios. Manual de literatura colombiana. Bogotá: Procultura. Planeta.

Sainz de Robles, Federico Carlos. (1972). Ensayo de un diccionario de la literatura Tomo 1. Madrid: Aguilar.

Shipley, Joseph T. (1962). Diccionario de la literatura mundial. Crítica, formas, técnica España: Ediciones Destino, sp.
Mención de responsabilidad
Análisis y sistematización de la información: Alba Inés David Bravo y Diego Alejandro Zuluaga Quintero

Proyecto: “Tesauro de la literatura colombiana. Una herramienta SILC”